El honor y el valor de un soldado

 
Por: Francisco J. Carrillo, diplomático, vicepresidente de la Academia Europea.
 
Líbano está en estado de alerta y no escapa a los efectos colaterales de la guerra en Siria, en la que participan las milicias chiitas de Hezbolá libanés apoyando al dictador Assad, ni a los atentados directos como recientemente ocurrió en la ciudad de Trípoli al norte del país. El gobierno libanés se declara “neutral” en relación con las guerras vecinas, pero se puede afirmar que el movimiento Hezbolá, de obediencia chiita, -(en un país cuyas mayorías son la cristiano-maronita y la sunita)-,  con estrechos lazos estratégicos con Irán, constituye un “Estado en el Estado”, con ejército propio que no obedece a las órdenes del ejército regular libanés. Hizbolá participa en la guerra de Siria junto al ejército del dictador Assad contra los opositores democráticos y contra el yihadismo terrorista sunita. El objetivo estratégico de Irán es salvaguardar a la Siria de Assad (en ello coincide con Rusia) y hacer posible que Líbano caiga de nuevo baja la dominación siria. Todo ello, envuelto en un discurso contra Israel que obedece a objetivos de reconquista territorial: las alturas del Golán y las Granjas de Chebaa, hoy ocupadas por Israel que considera ambos territorios estratégicos no solamente para la seguridad y defensa del país judío sino también para proteger las aguas del río Jordán. Hezbolá entró en juego hace tiempo en su lucha contra Israel y para muchos libaneses se trata de un “movimiento de patriotas”. Hezbolá actúa ahora en tres frentes abiertos: el frente interior para condicionar la política libanesa que, gracias a él, el Parlamento no logra elegir al Presidente de la República; el frente en Siria; y el frente al sur del Líbano. Es en este último frente en el que ha caído en acto de servicio en una misión de la FINUL (Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en Líbano) el español, oriundo de Málaga, cabo Francisco Javier Soria Toledo. El valor de este compatriota quedó envuelto por el honor de una misión militar al servicio de la paz. Y a nosotros, observadores y lectores, compartir, con  tristeza y sentimientos sinceros, el duelo de una familia malagueña.
 
La misión de paz de la FINUL está integrada por fuerzas militares de diversos países bajo la bandera de la ONU. Son los "cascos azules". Pero como fuerzas de interposición, el escenario es de guerra como muy acertadamente me confirmaba un admirado amigo, general del Ejército español. Las fuerzas de "interposición" corren un alto riesgo permanente y pueden ser víctimas de uno u otro lado. España ha pedido a la ONU y al gobierno israelí que abran una investigación para depurar responsabilidades; no podía solicitarlo a Hezbolá porque se trata de una "milicia armada" que no está bajo las órdenes del gobierno del Líbano, en  todo caso, del de Irán. ¿Hay "intencionalidad", por parte de Israel, en este lamentable acto de guerra? Y si la hubiera, ¿contra quién?: ¿contra España?, ¿contra la ONU? En un escenario de guerra, todo es posible, incluso una bala perdida o un  efecto colateral. Quizá la investigación de la ONU nunca llegue a identificar una "intencionalidad voluntaria" y todo quede en una consecuencia más de un conflicto armado.
 
Israel, por su parte, intenta reiteradamente cortar los suministros de armas a Hezbolá (en general, provenientes de Irán) e impedir que las alturas del Golán se conviertan en un lugar de tránsito de armamento. Hay que tener en cuenta que Daech, el autodenominado “Estado-Califato islámico de Iraq y de Siria” ("Estado" terrorista no reconocido por ningún otro Estado de la comunidad internacional) tiene en su punto de mira a Siria y a Líbano, como bases geoestratégicas fundamentales para el “asalto a Israel”. En estas complejas coordenadas, Hezbolá chiita es enemigo de Daech sunita al tiempo que lo es de Israel. Y como dato adicional, Hezbolá condenó los atentados de París, al igual que lo hizo el Hamás palestino, al que Israel, con la ayuda de Egipto, bombardeó los túneles de abastecimiento de armas a la zona de Gaza.
 
Hace años se consideró a la zona sur de Líbano, incluyendo la fronteriza con Israel, como de alto riesgo de guerra. Las Naciones Unidas, con el acuerdo y la solicitud del gobierno libanés, instaló un dispositivo militar de “interposición”: la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en Líbano (FINUL). Fuerza multinacional en la que participa España y sus soldados. Uno de ellos, Francisco Javier Soria Toledo, malagueño, ha dado su vida al servicio de la paz internacional y, sin duda, al servicio de la paz y la seguridad de España, aunque haya muerto cerca de las Granjas de Chebaa, en la frontera Líbano-Israel. La guerra contra el terrorismo globalizado  y en favor de la paz y la seguridad internacionales, sea en el lugar que fuere, es también una guerra en favor de la seguridad y la paz en España. Y caer en tales circunstancias es morir en el campo del honor.
 
Desde los tiempos en que la FINUL se instaló en el sur de Líbano (lugar que en su día tuve la oportunidad de visitar) hasta nuestros días, han acontecido muchos hechos de agresión, atentados, asesinato del primer ministro libanés Rafic Hariri, guerra, enfrentamientos, limpieza étnica de las poblaciones de religión cristiana, guerra de Iraq, presencia de Al Qaeda, ofensiva de Daech, retorno a elevados grados de guerra fría entre Rusia, EE.UU. y la UE… Para proteger a Líbano, sería necesario instalar la FINUL a través de toda la línea fronteriza de este país, de norte a sur, y disolver la milicia-ejército de Hezbolá que posee misiles de fabricación iraní,  que pueden alcanzar las ciudades de Tel Aviv y de Jerusalén. Ello significaría que las Naciones Unidas entrarían en una “guerra total” ya que su capacidad de “interposición” es más teórica que disuasiva. Y ello, junto a las fuerzas multinacionales que operan ya en y desde Iraq contra el “Estado-Califato islámico”, con algunas operaciones “no legales” (pero necesarias) según el Derecho Internacional contra el régimen de Assad y contra el terrorismo en Siria. Y como telón de fondo, la activa presencia consejera de Rusia al ejército del dictador Assad (en estrecha vinculación con sus operaciones en Ucrania) y el silencio de China y las siniestras maniobras financieras desde los Estados del Golfo arábigo. Esto hace que el Consejo de Seguridad de la ONU sea, de momento, inoperante.
 
Líbano queda situado en una posición de extrema fragilidad. Temiéndose lo peor. Ante tal panorama, me permito recurrir a los versos de Henri Michaux: “Toco marchas para vencidos y víctimas”. A nosotros, observadores y lectores, nos  toca identificarlos.
 
Publicado en SUR, 4 de febrero 2015

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