La corrupción como mal necesario que despide la tertulia hasta el año que viene (27 de noviembre de 2017)

Rafael Prieto Tener fue el encargo de poner la guinda en el pastel de las tertulias del 2017. Con su ponencia, La corrupción como mal necesario, cerró la edición de este año que ha dado como resultado el disfrute de un sinfín de temas de actualidad que no han dejado indiferentes. En este caso fue la corrupción la que hizo debatir a los tertulianos presentes que, como cada lunes, acuden para dejarse sorprender. Así, pese a que Prieto se sinceró con los presentes y aseguró que, aunque el título elegido para su coloquio es un tanto “provocador”, lo que dice de manera literal “no es cierto de verdad”. Sin duda, una temática que dio mucho de que hablar, con opiniones para todos los gustos y con un punto de vista común: la corrupción debe ser eliminada.
 
Lejos de esta utopía que esperan ver convertida en realidad, el ponente, presentado por Vicente Almenara, presidente de la tertulia, determinó, después de un profundo estudio del tema, que a pesar de que la lucha contra la corrupción “afecta a todas las sociedades”, se trata de un mal “para el que no se ha encontrado cura hasta la fecha”. A modo de poner en situación a los presentes, hizo hincapié en que “aunque los políticos parezcan tener soluciones que la erradicarán”, lo cierto es que “se comenzó a analizar en los años 70 y todavía no hay vacuna”. De esta manera, hizo ver que la parte positiva es que, al menos, sí existen análisis científicos para su control.
 
Como ocurre con casi todo, tanto lo bueno como lo malo no afecta de la misma manera dentro del sector público y el privado, y en el campo de la corrupción no iba a ser diferente, según Prieto. En el primero, el ponente garantizó que existe un “abuso” importante para conseguir “ventajas o beneficios privados”. Además, incluso a la hora de castigar existen diferencias, ya que, tal y como afirmó, “este delito en la institución se castiga de manera más severa que entre privados, porque los que la conforman tienden a ayudarse”. Aún así, garantizó que la corrupción no es una práctica nueva, sino que ha estado presente prácticamente en todos los tiempos, lo que ha dado como resultado que tanto la Biblia como el Corán hablen del rechazo hacia la misma, o Cervantes se atreviera a definir la sociedad española como “pícara” para hacer alusión a dicho mal.
 
Aunque se trata de un problema que afecta tanto de manera nacional como internacional, Prieto habló sobre la mala fama que los españoles muestran en este asunto, de manera que incluso los mexicanos han llegado a gritar a los cuatro vientos que España “les descubrió la corrupción”, posicionando el territorio nacional como “uno de los países más corruptos a lo largo de la historia”, añadió el protagonista de la velada sin que ninguno de los asistentes perdiera el interés por cada una de sus palabras. Así, no dudó a la hora de reafirmar que la corrupción influye en la ciudadanía y le hace mal, un virus causado, principalmente, por “los vicios públicos y una mala administración”, insistió.
 
La corrupción siempre ha estado presente y todavía se muestra como un inconveniente de muy difícil -por no decir imposible- erradicación. Prieto explicó que en los años 70 se abordó científicamente y que no fue hasta los 90 cuando preocupó al ciudadano contemporáneo. Pese a ello, “en el 2011 hubo una nueva tuerca con el 15M”, señaló, sin olvidar hacer mención de lo que la corrupción supone en la economía y como ambas se consolidan para fluir en las sociedades. “La economía ofrece un óptimo sin corrupción y este óptimo no es erradicarla, sino que el coste de combatirla no sea superior al beneficio”, comentó el experto. Además, aseguró que muchos cargos públicos dejan casos relacionados con este mal en manos de la justicia, “porque cualquier alternativa es más cara que lo que intentan evitar”.
 
“Un mal consentido y que se reputa como útil y hasta necesario”, especificó el ponente para referirse a la protagonista de la última tertulia. Y como algo que puede llegar a volverse imprescindible -aunque sea una gran controversia-, puntualizó que, según varias estadísticas consultadas, “no es algo que nos quite el sueño y, además, podemos ser muy felices rodeados de ella”. Pese a ello, en el caso particular de España, afirmó que la “indignación” está más presente que nunca y que, “aunque muchos ciudadanos de otros países están inmunizados porque, a pesar de que exista la corrupción, el gobierno les garantiza cubrir sus necesidades e incluso ocio, aquí no se llegan a cubrir muchas de estas necesidades -como las de los pensionistas- y por eso no se llega a ver como necesaria e indigna”.
 
“Siempre es mejor que un corrupto ocupe una silla a que haya una silla vacía”. Frases como estas, puntualizó Prieto, suelen ser habituales en el día a día de muchos. La comodidad frente a la revelación o países mansos con muerte moral e intelectual son también una constante que afectan en la actualidad. “El español tiene opiniones negativas sobre el funcionamiento de las instituciones y no está a favor, pero a pesar de la indignación, la mayoría asume la corrupción y se conforma”, señaló el experto basándose en encuestas realizadas a estudiantes de Derecho de la Universidad de Málaga entre otros documentos consultados. “Estamos a años luz de Estados Unidos”, agregó para referirse a España y asegurando que existe una mayoría apuesta por hacer oídos sordos y dejar que otros se ocupen de la cuestión. “¿Podemos afirmar que la sociedad española está condenada?”, preguntó a los presentes con intención de abrir el debate, no sin antes dar a conocer su inconformismo ante la situación y sus ganas de cambiar las cosas. “Necesitamos una acción ciudadana global y generar un cambio unidos”, destacó, concluyendo con que lo doloroso no son “los actos de la gente mala” sino “la indiferencia de la gente buena”, porque esa indiferencia “nos hace cómplices”.
 
Antes de dar paso a los tertulianos que alzaban sus manos al aire para pedir el turno de palabra, Almenara recordó los 78 políticos corruptos que en la actualidad están en prisión. Entonces, llegó el comentario del primero participante, que decidió comenzar el coloquio con la mención no sólo de los corruptos que ostentan un cargo político sino de los funcionarios que colaboran también con este mal para la sociedad. “En todas las administraciones se da, pero en las municipales donde más, y hablo con conocimiento de causa”, aseguró el encargado de romper el hielo. Así, hizo hincapié en que, pese a ello, “siempre se les echa la culpa a los funcionarios, pero es el político el que se lo permite, ¿o para qué están ellos?”. En la misma línea, resaltó que estos responsables deberían controlar lo que ocurre en las administraciones que gobiernan y aprovechó para mencionar que, a pesar del planteamiento del ponente de que los que tienen el poder intentan hacer callar a los pensionistas con los viajes del Imserso, no considera que “ir a bailar a Alicante distraiga su opinión, porque cada vez hay más movimientos y estos salen más a la calle”.
 
La función de los interventores en los Ayuntamientos para controlar las cuentas públicas fue también un aspecto nombrado por una de las presentes. “Ellos hacen sus informes, pero los políticos los meten en el cajón”, apuntó con seguridad y con ganas de que se lleve a cabo una modificación en la ley de transparencia, de manera que “estos informes que hacen intervención anual de cómo se ejecuta el gasto público en la comunidad autónoma y llevado al Ayuntamiento y al Estado en general, tengan carácter vinculante y más fuerza, de manera que si un interventor dice que un gasto no está justificado, se castigue, se tengan que dar explicaciones al respecto y no acaben en un cajón”, señaló como paso de gigante para combatir la corrupción en este ámbito.
 
“La indiferencia es cómplice y, por desgracia, España está llena de indiferentes, aunque en los últimos años parece que la cosa está cambiando y muchos se están revelando contra la corrupción, incluso los nuevos partidos políticos que se forman para ello y se convierten en un indicador de que la sociedad civil está trabajando”, determinó la misma tertuliana, que no dudó ni un segundo a la hora de afirmar que decidió afiliarse a un partido porque “no soportaba más la corrupción en televisión”, resaltando que son muchos los que han hecho lo mismo que ella “hartos” de los casos que salen a la luz constantemente. “Reaccionamos y toleramos menos”, agregó con ganas de un cambio real.
 
Y como no todo van a ser críticas, durante el coloquio estuvieron también los que defendieron que, aunque hay funcionarios corruptos, “la mayoría son honrados”, al igual que “hay muchos vagos y otros que curran”. Así, el mismo que hizo el comentario señaló que el problema de la corrupción sale de los partidos “y no de los políticos” y que son muchos los que no toleran este mal y denuncian a sus compañeros, “porque el funcionario no quiere a una manzana podrida a su lado, algo que en política no ocurre igual, puesto que no se ven a políticos denunciando que los presionan para ser corruptos”. A modo de una de cal y otra de arena, sí criticó el que cree que es el mal mayor de los ayuntamientos: “El funcionario puesto a dedo, porque no es concejal ni alcalde, pero está alimentando al partido y su propio bolsillo, puesto ahí a conciencia para hacer corrupción”.
 
También están, según otro tertuliano, “aquellos añadidos en una lista negra por denunciar y que, como consecuencia, no pueden avanzar en su carrera profesional”, y de ahí el miedo y el silencio que grita menos de lo debido en las administraciones públicas. Así, la mayoría de los asistentes a la velada defendieron que los principales responsables de lo que ocurre son los que tienen cargos políticos, “porque cuando entra una nueva corporación esta mira el ambiente y, en función de eso, sigue o se retrae, siendo la encargada de marcar las pautas sobre lo que se hará o no en el ayuntamiento”, aportó uno de los presentes sin dejar en el tintero que, por otro lado, es cierto que existen áreas más complejas como Urbanismo, “porque intervienen factores y equipos técnicos que, a veces, son indescifrables”. Y, a pesar de que el mismo apuntó que “en general el funcionario no es corrupto”, Vicente Almenara puntualizó que “hay más funcionarios en la cárcel que políticos”, ante lo que recibió una respuesta que muchos apoyaron: “Ahí el problema no es de los funcionarios, sino de los jueces”.
 
“Cuando algo no funciona no es culpa de las personas, sino de la estructura”, siguió con el hilo de la conversación otro participante desde el otro lado de la mesa. “¿Qué hago si no hay más alternativa que votar a un partido corrupto?”, preguntó. “¡Pues no votar!”, le contestaron desde el otro extremo, aunque muchos no estuvieron de acuerdo con que dicha opción sea realmente una alternativa a la que acogerse para solucionar la situación. La mayoría reflejó que es consciente de que es “imposible” acabar con este mal, por lo que llegaron a la conclusión de que, entonces, “habrá que minimizarla” en la medida de lo posible. Así, hicieron alusión de esos “pequeños corruptitos” cotidianos que se empadronan en un lugar determinado para beneficiarse de una ayuda, entre otros ejemplos, y que “quitan a otros sus derechos”. “Si comparamos España con el mundo anglosajón, vemos como a los ingleses se les inculca desde pequeños el reproche moral de la corrupción, y aquí no”, aseguró uno de los tertulianos nombrando situaciones tan sencillas como copiar en un examen con orgullo, “algo que en Inglaterra supondría, para el que lo hiciera, un castigo brutal en el ámbito académico universitario y, además, el autor jamás lo contaría, a diferencia de lo que aquí ocurre”. De esta manera, lo definió como “una parte educacional que los españoles no tenemos” y recalcó la importancia de la vigilancia desde el sistema para contrarrestar la corrupción, “porque el que se siente vigilado la practica menos”. Además, también hizo una crítica a la partitocracia como “terreno abonado” para esta práctica, ya que “vemos tan lejos al político que, al final, ellos no nos piden cuentas y nosotros hemos dejado, también, de pedírselas a ellos”, concluyó ante una docena de cabezas asintiendo frente a él.
 
Sin duda, el denominador común en esta última tertulia fue la certeza de que “el problema es sistémico”. Por ello, hubo intentos de plantear soluciones de todo tipo, entre ellas un cambioen el mismo sistema que garantice un control más eficiente, “algo que no querrá ningún partido, porque todos disfrutan de las tremendas y no hemos visto en el programa de ninguno la búsqueda de la separación de poderes o de instaurar en España un sistema de voto uninominal, porque perdían poder”, explicó un participante mientras destacó que, desde su punto de vista, un remedio eficaz sería implantar un sistema como el de Estados Unidos, “uninominal, con separación de poderes y en el que el cargo sea un peso”. Cerca, otro de los asistentes apoyó su plan y aseguró que si los que ostentan el poder tuvieran que responder directamente a sus electores, “quizás así se pondrían ciertos límites a las conductas inmorales de los que tienen cargos electos y no quedarían impunes”, apuntó sin olvidar compartir con sus compañeros que “el corrupto no se corrompe solo y hay un corruptor, porque cuando se hace una acción de este tipo, el que la lleva a cabo no se beneficia de forma exclusiva, sino que alguien fuera del cargo -ya sea el partido o un empresario, entre otros- también sale ganando”.
 
Así, mientras el ponente invitó al esfuerzo de la unión para luchar en conjunto, otro de los tertulianos concluyó con que la corrupción “está en la condición humana” y con que, aunque la gran mayoría tiende a proyectarla en los demás, “nadie se fija en primera persona”. “Si alguien no nos viera, ¿caeríamos?”, preguntó sin esperar respuestas. Al menos de mente -y alma- hacia afuera.
 
 
 
Ciudadanos y su pulso al cupo vasco
La segunda parte de la tertulia, más corta y previa al descanso hasta después de Navidad, estuvo encabezada por Manolo Franquelo, de Ciudadanos, y marcada por la oposición de su partido a la aprobación urgente por vía de lectura única que se llevó a cabo, por parte del Gobierno, del concierto económico y cupo vasco. La agrupación hizo un pulso a que esto fuera aceptado “sin debate, sin transparencia, sin justicia ni igualdad”, resaltó Franquelo, haciendo hincapié en la relación que pueda guardar esta forma de hacer las cosas con la necesidad que Mariano Rajoy tiene de obtener los votos del PNV para que se aprueben los Presupuestos Generales del Estado de este año. “Encima, ahora, dicho partido tiene una posición de fuerza palpable y no sólo saca el cupo como quiere, sino que dice que apoyará los presupuestos según lo que salga después de las elecciones del 21 de diciembre”, critica el impulsor del tema. Así, recordó que “no es la primera vez que Ciudadanos está en contra del cupo vasco, porque es una cuestión de política sin transparencia”. Además, Franquelo no se mostró muy optimista sobre el cambio de esta situación, “porque hay que llevar a cabo una modificación constitucional para ello, puesto que la ley no dice cómo gestionarlo”, afirmó mostrando la postura “clara” de su partido ante los acontecimientos.
 
La mayoría de los presentes apoyó que el debate generado por el partidoprotagonista en este caso es un asunto “sano” y “necesario” que, además, “dará votos a Ciudadanos, porque la gente no es tonta”, garantizó uno de los participantes sin olvidar resaltar que “ha sido un acierto por parte de esta agrupación, aunque a su líder le haya costado pellizcos”. Por su parte, una tertuliana también de Ciudadanos aseguró, en respuesta a comentarios generalizados en la sociedad, que “no se trata de oportunismo, porque en el País Vasco no nos comemos una rosca y porque estamos en contra del cupo vasco desde el primer momento, reflejado en nuestro programa a nivel nacional”. A su lado, otro asistente planteó que no les debe preocupar ese tipo de opiniones y dio a conocer su asombro ante que “en este siglo todavía estemos hablando de la necesidad de hacer algo para que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley, porque no lo somos, ya que existen privilegios para algunos en España con la Constitución que tenemos, como es el caso”. Aunque apoyados por muchos, se dieron contra la realidad defendida por los mismos de que “no hay mayoría ahora mismo para cambiar la Constitución y seguimos teniendo al lobo cuidando del rebaño, políticos que mandan y que se están cargando el país”.
 
Y antes de los merecidos “feliz año nuevo” y “felices fiestas” con la copa en lo alto para brindar como una gran familia forjada desde hace ya muchos años, el punto final fue la siguiente frase: “No es oportunismo, es estar oportuno”. Como debería ser en casi todas las circunstancias de la vida y caso que se dio en esta última tertulia que descansa hasta el 2018.

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