Un viaje hasta Venezuela con el contralmirante de la Armada Nacional Carlos Molina Tamayo como piloto

Por la derecha, Vicente Almenara, Carlos Molina, Narda Sandoval y uno de los tertulianos, Alejandro González

Los asistentes a la tertulia de Málaga el pasado lunes 13 de noviembre tuvieron la oportunidad de subirse a una nave capaz de transportarlos hasta la época de la “Venezuela buena” antes del régimen de Hugo Chávez. Con el contralmirante de la Armada Nacional del mismo país latinoamericano, Carlos Molina Tamayo, como piloto y su esposa Narda Sandoval, fueron testigos de un viaje que no dejó indiferentes, a través de un recorrido desde esa etapa de bonanza para los venezolanos hasta la actualidad y la situación crítica que vive la nación. Una historia vivida y contada en primera persona por el contralmirante en la sala de Los Patios de Beatas, que cautivó a los asistentes e incluso dio para extrapolar lo ocurrido a las circunstancias que envuelven hoy a España. Cinturones abrochados, respaldo del asiento colocado y el disfrute total de una aventura que acabó con el exilio de Molina y su elección de volver al territorio español, donde tiene sus raíces y el espacio que le ha dado la oportunidad de “hablar sobre este tema como español y venezolano”, señaló.
 
Vicente Almenara consiguió el silencio de los tertulianos y el profesor Carlos Pérez Ariza fue el encargado de presentar al piloto de la nave. Así, lo identificó como uno de los “pocos” militares venezolanos que se enfrentaron “temprano” al régimen de Hugo Chávez. Aseguró, además, que aunque le haya costado el exilio y un periplo por diferentes países de América Latina, su destino estaba en Marbella, donde en la actualidad reside con su mujer y donde ha visto crecer a sus hijos que, en este momento, estudian en el extranjero. Ariza advirtió desde un principio que lo que se disponía a comenzar trataba de un sinfín de inquietudes sobre Venezuela y una posible relación con el panorama político español, sin olvidar mencionar que el protagonista también es ingeniero de electrónica e impulsándolo a contar con su propia voz las experiencias que la vida le ha brindado como uno de los demócratas que luchó contra Chávez aunque defender sus ideales le llevara a tener que abandonar el país que lo vio nacer y crecer.
 
“A quién no conozca Venezuela le resultará difícil entender lo que allí ocurre, porque es un asunto muy complejo que está en otra dimensión”, comenzó Molina seguro de que en su país, aunque aparente que hoy por hoy la situación está más en calma, se vulneran los derechos humanos de sus ciudadanos. A modo de poner en marcha el motor de la nave, con todos los asistentes a bordo y deseando empezar el recorrido, el protagonista habló de los años 40, una etapa en la que en Venezuela “apenas había un millón de habitantes” y la misma en la que el país abrió sus brazos a miles de inmigrantes españoles que decidieron empezar de cero lejos, para sacar adelante a sus familias, tras la guerra civil española. “Muchos venimos de padres españoles, italianos o franceses, entre otros”, puntualizó sin olvidar mencionar la frescura que esta migración trajo no sólo a su nación sino también a otras como Argentina o México. “Nos une mucho más de lo que la gente se imagina”, agregó.
 
Con la atención de los tertulianos al cien por ciento y sus miradas atentas reflejo de admiración, el contralmirante prosiguió con el viaje mientras anunció curvas cercanas. “Me gradué en la Academia Naval de Venezuela en el año 75 y fui compañero de Chávez”, aseveró. Lo conoció de muy cerca, pero lo cierto es que cuando el exregidor dio el golpe de estado en el 92, Molina estaba faenando en Alemania. Desde su punto de vista, Hugo Chávez salió elegido porque los ciudadanos del momento no estaban contentos con lo que ocurría entre los partidos políticos de ese entonces y el expresidente ganó simpatía “porque lo veían como un salvador”, resaltó.
 
Cuando gana la presidencia, el ingeniero de electrónica -que se autodenomina socialdemócrata- estaba como director de armamento de las Fuerzas Armadas. Chávez agradece su gran labor y le pide que siga en su puesto, ofrecimiento que Molina aceptó, ya que todavía no conocía las intenciones comunistas del presidente y le creía con sus mismos ideales políticos democráticos “por la imagen que me habían dado mis compañeros del ejército mientras estuve fuera”, añadió. Más tarde, se convierte en el consejero de Seguridad y Defensa de Venezuela, hasta que diferentes conversaciones con el mandatario le hicieron comenzar a sospechar de lo lejos que estaban en cuanto a ideas políticas. Recordó cuando, por ejemplo, le presentó un proyecto para acabar con la pobreza invirtiendo recursos en educación o prevención sexual, entre otros campos sociales. Chávez no estuvo de acuerdo con el contralmirante y éste sintió que más que ayudar a los pobres “me dio a entender que había que controlarlos”, afirmó a la vez que destacó que lo que realmente quería el expresidente era “dar una imagen de demócrata” que nada tenía que ver con la realidad.
 
Después de varios encontronazos con generales del ejército y su posición contraria a las decisiones que se tomaban en el régimen desde dentro, Hugo Chávez lo saca de su equipo y lo manda como embajador de Venezuela en Grecia. Molina hizo sus maletas y aceptó el viaje, pero sin olvidar llevarse consigo las denuncias públicas que poco después llevó a cabo sobre lo que realmente ocurría en su país en contra de la democracia. “Nunca pensé que fuera a llegar al estado al que llegó, pasando de ser uno de los países más ricos del mundo a uno de los más pobres”, apostilló el ingeniero ante la expectación de los tertulianos que no le quitaban la mirada de encima, con ganas de seguir la historia y conocer más sobre sus vivencias.
 
“En secreto y sin que los servicios de inteligencia de Chávez se percataran, me presento y lo denuncio, exponiendo por qué debía renunciar como presidente”, relató. Después de tragar que intentaran sacar sus trapos sucios, “que no existían”, o que inventaran cosas sobre él para desprestigiarlo, el equipo del mandatario, con éste a la cabeza, decidió darle de baja sin la celebración de un juicio para decidir qué le ocurriría por ir en contra del régimen.
 
Así, con el paso del tiempo, asegura que ellos mismos se fueron desenmascarando, llevando a cabo incluso asesinatos. Llegados a este punto, “las fuerzas democráticas y armadas le exigen a Chávez que dimita”. Según Molina, éste renuncia y destituye al vicepresidente del gobierno y a los ministros, pidiendo que lo dejen irse a Cuba. Con el vacío de poder que ocasionó y tras ser considerado “un violador de los derechos humanos”, el contralmirante vivió cómo le negaron dicha salida al que había sido su compañero en el ejército y que hasta hace poco había sido el mandatario de su nación, la misma que vio decaer lentamente bajo sus órdenes.
 
Ante el vacío de poder, “un grupo de civiles y militares deciden que Pedro Carmona se pusiera al frente del Gobierno durante diez meses hasta las nuevas elección”, explicó el protagonista, capaz de cautivar a la sala que se mantuvo en silencio durante todo el coloquio. Parecía que estaba cambiando la suerte de Venezuela, pero las fuerzas democráticas comienzan a “pelear” con “redecillas políticas” y las “agendas ocultas” pusieron la guinda en el pastel que se derrumbó en menos que canta un gallo. Y es que ya dijo Ariza en la presentación de su compañero que los periodistas llamaban a este fugaz dirigente Carmona el breve.
 
“Después de lo ocurrido, sólo caen presos siete pendejos y yo fui uno de ellos”, contó Molina mientras hace memoria de una época que no fue nada fácil y que afrontó con la valentía que los presentes en la tertulia admiraron sin ninguna duda. Cuando pasó al otro lado de las rejas “aunque aún preso en casa”, tuvo que pasar a la clandestinidad y decidió comenzar una búsqueda de embajadas donde poder asilarse sin que lo entreguen al gobierno. Así, El Salvador fue su país de refugio, donde tanto él como su familia tuvieron que vivir escoltados por exmilitares e incluso transportarse en coches blindados, viviendo la terrible experiencia de un intento de secuestro.
 
Su punto y final en América Latina lo puso tras una trampa que le tendió un periodista de Televisa. Tras una entrevista privada, al llegar a México, el entrevistador editó el contenido de la conversación y publicó que Molina estaba en El Salvador preparando otro golpe de Estado contra Chávez, lo que motivó que el contralmirante se fuera a Suiza con su hermana. Con el frío del país europeo y las ganas de un hogar cerca de sus raíces, ambos hicieron de nuevo las maletas y pusieron rumbo, en 2003, hacia “el mejor país del mundo”, señaló el ingeniero para referirse a España. Aunque al principio no tenía pasaporte europeo porque estaba “sin patria”, al final, a través de contactos consiguió entrar, quedarse y estar protegido por el estado español. “Me llevé una gran sorpresa, porque yo conocí la España de los 70, cuando en Venezuela ya existían los coches automáticos y aquí todavía no había ni autopistas”, agregó con brillo en los ojos y con gratitud eterna.
 
Aunque con ganas de contar más e infinitas historias por dar a conocer, el piloto de la nave fue generoso y cedió el turno al resto de viajeros presentes en la tertulia que levantaban sus manos para hacer preguntas sobre el emocionante viaje recién vivido sin haber tenido que levantarse de los asientos que cada lunes ocupan. “Lo positivo que tiene España es la clase media predominante”, concluyó Molina antes de dar paso a los asistentes y seguro que es esa circunstancia la que ha salvado al país de males mayores como los que ha sufrido y sigue padeciendo hoy la nación en la que creció.
 
En la misma línea, uno de los participantes apoyó el testimonio del contralmirante y aseguró ser testigo -aunque no tan directo como él- del deterioro que Venezuela ha experimentado con el paso de los años, ya que sus viajes frecuentes al país le han hecho ver la transformación que ha llevado a cabo tras el régimen. Además, también confesó que cuando Chávez llegó al poder “no creía que fuera a implantar el comunismo”. Sin duda, el exmandatario, ya fallecido, se hizo con el poder y, una vez cambió la Constitución, según Molina, se hizo con el control del Consejo Nacional de Elecciones. “El software es manipulable y ellos han hecho fraude en todas las elecciones, no sólo con la máquina sino de muchas otras maneras”, garantizó el protagonista. Así, puntualizó que las últimas imágenes de los catalanes votando en urnas en la calle sin ningún tipo de legalidad o control le recordaron lo vivido en su nación.
 
Por otro lado, afirmó que los que tenían el poder con Chávez y los que lo mantienen hoy con Nicolás Maduro “compran a la gente”, es un gobierno sin separación de poderes donde las fuerzas armadas disponen de las armas y hay unos 12 generales de cuatro estrellas “comprados” que callan mientras “se sienten grandes”. Destacó, también, la gran corrupción que existe, con políticos que “sacan hasta mil millones de dólares de un país donde la gente no tiene ni comida ni hospitales”.
 
En cuanto a Maduro, lo calificó como “el cateto más cateto” que tiene “Venezuela en sus manos”. Consideró que “existen las condiciones para salir del régimen”, pero que este es “tan perverso” que puede incluso comprar a la oposición. Además, hizo hincapié en que la sociedad civil “está entre dos espadas”: los políticos tradicionales y el chavismo. Sin olvidar hacer mención de la gran pérdida de recursos humanos que ha sufrido la nación entre profesionales que se han ido, tales como petroleros o médicos, entre muchos otros. “Muchos me han preguntado que teniendo a Chávez al lado no le pegué un tiro, y yo siempre digo que no soy un asesinó”, garantizó mientras destacó, también, que acabar con su vida hubiera dado como resultado convertirlo en un mártir y que, sin necesidad de eso, “se están desprestigiando solos con una dictadura de tantos años”.
 
Uno de los tertulianos preguntó si era cierto que, en la actualidad, los venezolanos no tienen alimentos, medicinas, atención médica o recursos básicos para subsistir, cuestión a la que Molina dio respuesta afirmativa con toda la tristeza de su corazón. Muchos de los presentes no entendían cómo el régimen permitía esta situación “si no les interesa que el pueblo pase estas carencias porque se les viene el sistema abajo”, pero el contralmirante fue contundente: “Las carencias se deben a la corrupción y si la gente humilde se pasa horas en una cola para conseguir alimentos, matan su tiempo en esto y no en echar abajo el gobierno”. Habló, además, de las expropiaciones que los que tienen el poder llevan a cabo, “haciendo al pueblo dependiente y dando las industrias a aquellos que están a su favor y que son incapaces de sacarlas adelante”. Y es así que ha sido testigo de cómo Venezuela ha pasado de ser el país “con todos los oros del mundo” a tener que importar gasolina o verse sin luz en las calles.
 
Gran parte de los tertulianos mostraron su visión negativa sobre el futuro venezolano, sobre todo ante la división que aseguran que existe entre la oposición. “Me extraña que no se haya producido ya un golpe en condiciones”, agregó uno de los participantes sin entender cómo no se ha puesto fin a tantos años de dictadura.
 
Otro de los presentes hizo mención de la economía y del incremento de la deuda de Venezuela, a los que Molina respondió que el país “no tiene problemas” en este campo, “sino una mala administración”. Consciente de que la ayuda externa se demora mucho en el tiempo, expuso que desde su punto de vista la única solución posible deberá venir “de fuera”. Además, no quiso dejar en el tintero el “terror” que existe entre sus compatriotas, donde llevan presos a los contrarios al régimen y los torturan. “Tanto civiles como militares tienen miedo”, aseveró, poniendo fin a un viaje que los tertulianos tardarán mucho en olvidar -si es que lo consiguen-.
 
 
El orgullo de María del Carmen Forcadell por la libertad de expresión
 
Dejando la nave aparcada y con esa sensación que sólo un viaje especial es capaz de dejar, los pasajeros volvieron a la mesa habitual de cada lunes en Los Patios de Beatas, para tratar la actualidad del problema de la independencia de Cataluña. Así, el asunto más destacado y con el que encabezó el coloquio Vicente Almenara, presidente de la tertulia, fue la salida de prisión de la presidenta del Parlamento catalán, María del Carmen Focadell, haciendo público su orgullo por la libertad de expresión que había colaborado en dar a ese Parlamento cuando votó la independencia. De esta manera, Almenara pidió a los asistentes que extrapolaran la situación a cualquier otro delincuente y que expusieran si ven coherente que se deje en libertad a personas “con un golpe de Estado a cuestas”, resultado del “buenismo” que, a su parecer, se respira en España. De esta manera, manifestó que le parece “alarmante” el “coste” que tiene un golpe de Estado en el territorio español y dio a conocer su incomprensión ante la actitud del Gobierno y los jueces, “cuando existe un contrato social y les pagamos para que nos defiendan de los independentistas”, señaló. Por otro lado, planteó también la falta de mano dura ante los episodios de “secuestros” en las autopistas por parte de los que pararon el tráfico perjudicando a decenas de miles de ciudadanos, “sin detenidos ni multas” ante lo que el presidente definió como la “vulneración del Estado de derecho”.
 
Como respuesta, uno de los tertulianos dejó ver que quizás se trata de una actitud pensada por parte del Gobierno para hacer que los independentistas se retraten ellos mismos con sus hechos y que el resto de ciudadanos vean el malestar que ocasionan en la sociedad. “¿Pero la ley para qué está? ¿Hablamos de oportunismo al aplicar las leyes?, ¿si conviene o no aplicarlas?”, respondió Almenara. En la misma línea, otro de los participantes habló de la impunidad en la clase política “desde hace mucho tiempo”, y aseguró que ésta se ha logrado “a través de la falta de la separación de poderes, que es un vicio de corrupción”.
 
Otra opinión llevó a plantear que “Rajoy no tiene la valentía de afrontar este tema de la independencia y lo ha judicializado absolutamente todo”, sin olvidar mencionar que “todas las actuaciones están consensuadas con PSOE y Ciudadanos”. “¿Hay que esperar a llegar a consensos para garantizar la seguridad?”, retó de nuevo Almenara, quien añadió que “hemos llegado ya muy lejos” y que hay que parar a los separatistas, criticando además la decisión del presidente del Gobierno de echar “a cara o cruz” lo que ocurrirá a las elecciones.
 
Como cada semana, la incertidumbre volvió a ser protagonista y los tertulianos se preguntaron qué pasará después de las elecciones y de un 155 que la mayoría consideró que se ha aplicado de forma errónea. Muchos creen que “en enero se llevará a cabo la tercera declaración de independencia”, mientras otros confían en conocer la supuesta alternativa a la independencia que Carles Puigdemont ha dejado caer en sus últimas intervenciones públicas. Además, también intervinieron los que defienden que cambiar el sistema de elecciones existente -como se habló en la anterior tertulia- por uno unilateral por distritos sería la solución a todos los males, “ya que disminuiría el número de separatistas”, garantizó un asistente.
 
Fuera como fuese, las dudas se adueñaron, en una ocasión más, de la sala y al único punto que llegó en común la mayoría es que “aunque siga el mismo Parlamento, con los mismos diputados, con lo ocurrido ya hay un antes y un después en todo este proceso de Cataluña”. 

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